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MISSION

Marc Rayman

Marc Rayman,
Ingeniero Jefe, JPL

Crónicas de Dawn

05 de Septiembre de 2012

Queridos Maravestillosos Lectores,

Una nave espacial salió de la Tierra en 2007. Propulsándose a través del sistema solar con suavidad e infinita paciencia a lomos de una columna verde azulada de iones de xenón fue alejándose del Sol en una espiral ascendente. Sobrevoló Marte en 2009 con la mirada puesta en destinos más lejanos y exóticos. En Julio de 2011 entró con enorme elegancia en órbita alrededor del segundo objeto más grande en el cinturón principal de asteroides, Vesta. Allí ha pasado más de 13 meses, escrutando el gigantesco protoplaneta con todos sus sensores y maniobrando de una órbita a otra para optimizar sus investigaciones, llevando a cabo una infinidad de maravillosos descubrimientos. Después de viajar juntos alrededor del Sol durante 685 millones de kilómetros (426 millones de millas), la nave abandonó la órbita en Septiembre de 2012 y se dirige ahora hacia el planeta enano Ceres, el mayor objeto entre el Sol y Neptuno que aún no ha recibido la visita de una sonda. Ningún otro artefacto ha sido hasta ahora capaz de las hazañas que Dawn está realizando, explorar dos de los mayores mundos inexplorados en el interior del sistema solar.

La población del cinturón principal de asteroides se cuenta por millones. Vesta es un mastodonte tal que Dawn ya ha examinado ella sola aproximadamente el 8% de la masa de todo el cinturón. Y cuando concluya su misión en el colosal Ceres habrá investigado cerca del 40%.

La expedición a Vesta ha producido un tesoro que va más allá de las esperanzas de los más optimistas. Con 31 000 fotos, 20 millones de espectros visibles e infrarrojos y miles de horas de mediciones de espectros de neutrones, de rayos gamma y del campo gravitatorio, Dawn ha descubierto para la humanidad un miembro fascinante y único de la familia del sistema solar. Más parecido a la Tierra y los demás planetas terrestres que a un asteroide típico, Vesta es mucho más que un simple trozo de roca. Muestra una geología compleja e incluso cuenta con un denso núcleo de hierro y níquel, un manto y una corteza. Su hemisferio norte, densamente cubierto por cráteres, narra la historia de más de 4 500 millones de años de bombardeo en lo más proceloso del cinturón de asteroides. La superficie del hemisferio sur fue borrada casi por completo por un enorme impacto hace al menos 2 000 millones de años y otro incluso mayor hace unos 1 000 millones de años. Estos sucesos excavaron los cráteres Veneneia, de 400 kilómetros (250 millas) de diámetro, y Rheasilvia, de 500 kilómetros (310 millas). Éste último tiene una montaña en su centro que se eleva hasta más del doble de la altura del monte Everest; de hecho es con diferencia la segunda montaña más alta conocida en el sistema solar. Los impactos fueron tan violentos que casi destruyeron Vesta. El golpe reverberó por todo el protoplaneta y dejó cicatrices en forma de una sorprendente red de surcos cerca del ecuador, algunos de ellos de centenares de kilómetros (o de millas) de largo y 15 kilómetros (10 millas) de ancho.

Los poderosos impactos ocasionaron la liberación de enormes cantidades de material, arrojando pedazos de roca al espacio, algunos de los cuales han llegado incluso hasta la Tierra. Es sorprendente que casi el 6% de todos los meteoritos que se han encontrado procedan de Vesta. Tenemos meteoritos procedentes de Marte y también algunos que llegaron desde la Luna, pero con diferencia son muchos más los que se originaron en estos impactos en Vesta, tan distante en el tiempo como en el espacio. Vesta, Marte y la Luna son los únicos cuerpos celestes que han sido identificados como origen de meteoritos específicos.

Los científicos se enfrentan a años de provechoso filtrado de los fabulosos hallazgos de Dawn, descubriendo los secretos que en ellos se esconden sobre la infancia del sistema solar, y mucha otra gente seguirá admirándose ante las espectaculares panorámicas de este mundo alienígena. Pero el emisario de la Tierra ha completado su misión y debe seguir adelante. Desde el último artículo ha dedicado la mayor parte del tiempo a elevarse más y más sobre Vesta con su sistema de propulsión iónica. Esta espiral de escape es simétrica a la de aproximación que nuestro explorador robótico siguió hace un año. Este método tan peculiar de entrar y salir de órbita es una de las muchas características únicas de las misiones que emplean propulsión iónica. Sin este avance tecnológico, esta ambiciosa aventura espacial habría sido imposible.

A medida que Dawn iba ascendiendo, la atracción gravitatoria de Vesta se hacía cada vez más débil. En algún punto de la espiral, la sonda alcanzó una altura y una velocidad tales que Vesta ya no podía retenerla. Vesta dejó marchar a Dawn, su más reciente compañera, con la misma suavidad y ternura con que la capturó el año pasado, para después proseguir su propio camino alrededor del Sol. El lazo se rompió aproximadamente ayer a las 11:26 p.m. PDT, cuando estaban a una distancia de 17 200 kilómetros (10 700 millas) y alejándose a la sorprendentemente parsimoniosa velocidad de 33 metros por segundo (73 millas por hora). Con toda seguridad, muchos de nuestros lectores han conducido hoy sus coches a una velocidad más alta (aunque esperamos que no haya sido en zona escolar).

A diferencia de las misiones que utilizan propulsión química convencional, no ha habido ningún cambio súbito en la nave, ningún momento de tensión en la Tierra. Si hubieseis estado en la nave contemplando el proceso, probablemente habríais estado hambrientos, helados e hipóxicos; pero no habríais notado nada inusual. Aparte de un fugaz brillo de autocomplacencia, Dawn habría tenido la misma apariencia que durante la mayoría de su vuelo interplanetario, un monumento al ingenio del género humano y a su apasionada necesidad de descubrir el cosmos, en lo alto de una columna verde azulada de iones de xenón. Si, por el contrario, hubieseis estado en el centro de control de la misión Dawn, habríais estado a oscuras y a solas (al menos hasta que llegase el equipo de seguridad de JPL). No fue necesario establecer contacto de radio con la nave. Llevaba ya 2.9 años de propulsión a sus espaldas, el 58% de su tiempo en el espacio. La impulsión durante el escape no tenía nada de especial. Nadie estaba ansioso ni tenso; de hecho, todo el drama se centra en los espectaculares resultados de la impresionante misión en Vesta y en las promesas de lo que está por llegar en Ceres. Cuando Dawn entró en órbita, vuestro corresponsal estaba bailando. Cuando Dawn abandonó la órbita, estaba durmiendo tranquilamente [Webmaster: por favor, enlace "durmiendo tranquilamente" con el sitio web que contiene los registros detallados de mis sueños].

Un mes antes, el 8 de Agosto, mientras la nave estaba a más de 2100 kilómetros (1300 millas) sobre la superficie, ascendiendo trabajosamente a través del campo gravitatorio de Vesta, una de las ruedas de reacción experimentó un incremento inesperado en la fricción interna. Las ruedas de reacción se utilizan para controlar la orientación de la nave en las condiciones de ingravidez y sin rozamiento del vuelo espacial. Modificando eléctricamente la velocidad de giro de las ruedas, Dawn puede acelerar su rotación o estabilizarse. Los sistemas de protección detectaron rápidamente el suceso y respondieron desactivando la rueda en cuestión así como las otras dos que se encontraban en funcionamiento, pasando el control a las pequeñas toberas que pueden encargarse de dicha función y reconfigurando otros sistemas, incluido el apagado del sistema de propulsión iónica y el apuntamiento de la antena principal hacia la Tierra.

Al día siguiente, una sesión de comunicaciones rutinaria alertó a los controladores de lo ocurrido. Hacía ya tiempo que habían planeado apagar las ruedas para el crucero de Vesta a Ceres, por lo que adelantar el apagado en unos pocos días no fue un cambio significativo. El equipo devolvió enseguida la nave a su configuración de vuelo y replanteó el plan de partida, y el 17 de Agosto Dawn continuó con su ascenso. Debido a la interrupción en la impulsión, la partida se retrasó del 26 de Agosto al 4 de Septiembre. Gracias a la flexibilidad que proporciona la propulsión iónica, no fue difícil acomodar este retraso en el plan de vuelo.

Para ahorrar hidracina, el combustible que usan las toberas, se redujeron significativamente las observaciones de partida que describimos en un artículo anterior, ya que no eran de alta prioridad para la misión. Sin embargo, el 25 y el 26 de Agosto, a una altitud de más de 6 000 kilómetros (3 700 millas), el explorador echó la vista atrás hacia Vesta con su cámara y su espectrómetro visible e infrarrojo. No había estado tan lejos desde el 21 de Julio de 2011, durante su descenso hacia el entonces aún desconocido orbe. 13 meses más tarde, la nave se volvió para mirar por última vez el magnífico mundo que ha ido desvelando durante su estancia, un mundo que hasta hace un año no había sido más que un pequeño borrón entre las estrellas desde que fue descubierto hace más de doscientos años.

El retraso en la partida supuso un beneficio inesperado. Vesta tiene estaciones, al igual que la Tierra, aunque progresan mucho más lentamente. El 20 de Agosto tuvo lugar el equinoccio que daba inicio a la primavera en el hemisferio norte. Hasta entonces el Sol había permanecido en el hemisferio sur de Vesta durante toda la estancia de Dawn. Aunque la mayoría del hemisferio norte se había observado durante la segunda órbita alta de cartografía, la iluminación del paisaje que rodea el polo norte era aún mejor durante este último vistazo. Después de transmitir las imágenes de despedida a los ansiosos controladores de la misión, la nave se puso de nuevo en su camino de ascenso.

Y así, dejando atrás una misión impresionantemente exitosa, con un mundo recientemente descubierto a sus pies, y un misterioso planeta enano ante sí, nuestro infatigable y tenaz aventurero abandonó Vesta para siempre.

Dawn está a 18 500 kilómetros (11 500 millas) de Vesta y 64 millones de kilómetros (40 millones de millas) de Ceres. También está a 2.45 UA (367 millones de kilómetros o 228 millones de millas) de la Tierra, 910 veces más lejos que la Luna y 2.43 veces más lejos que el Sol. Las señales de radio, limitadas universalmente a viajar a la velocidad de la luz, tardan 41 minutos en hacer el viaje de ida y vuelta.

Dr. Marc D. Rayman
10:00 a.m. PDT del 5 de Septiembre de 2012

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